GESTIÓN PERSONAL

El cuidado y estima de nuestra persona, controlar y comprender nuestras emociones negativas y positivas,  gestionar nuestro tiempo de forma adecuada, manteniendo el estrés y la ansiedad a raya, en la medida de lo posible, constituyen un eje fundamental para alimentar y serenar nuestro, cuerpo, mente y espíritu, con el resultado que deseamos: conseguir nuestros objetivos, a la vez que somos capaces de conciliar, familia, relaciones y trabajo, sintiéndonos satisfechos con nosotros mismos.

 

La necesidad de sensibilizar a la sociedad actual de la importancia de la conciliación de la vida laboral y profesional de sus integrantes, tiene que partir de un aprendizaje básico, en el cual seamos capaces de manejar y asimilar conceptos tan claves como “inteligencia emocional”, “autoestima”, “asertividad”, “empatía” así como de racionalizar la gestión de nuestro tiempo de una manera positiva, que además, nos ayude a controlar nuestro estrés.

Desde hace ya bastante tiempo, se han recogido pruebas que demuestran de forma muy contundente que las funciones de pensar, sentir y decidir, son un trabajo conjunto de nuestros cerebros racional y emocional.

La inteligencia emocional, nos enseña a reconocer, entender y manejar nuestras emociones y las de los demás, favorablemente para todos, desarrollando la capacidad de ponernos en el lugar del otro, y ayudando a crear mejores relaciones, en todos los ámbitos de nuestra vida.

La autoestima es una actitud positiva hacia uno mismo, que consiste en habituarnos a pensar, sentir y actuar, de la manera más sana y feliz posible, teniendo en cuenta el momento presente, y mirando hacia el futuro. Constituye el pilar de nuestra personalidad, y es fundamental para nuestro equilibrio psicológico. Por tanto, detectar su estado y rehabilitarla, cuando se encuentre “más baja” de lo normal, es fundamental

En general, no solemos saber en que empleamos nuestro tiempo, y cuáles son las causas que hacen que lo perdamos. Confundimos, en muchas veces, lo importante con lo prioritario, o con lo urgente, y lo cierto es que estos términos significan cosas muy diferentes. Porque aunque resulte paradójico, lo verdaderamente prioritario, es ocuparse de lo importante, y lo que en ocasiones, valoramos como urgente, no deja de ser algo perfectamente aplazable, sin “que se nos vaya la vida en ello”. Además, cuando nuestro tiempo no es gestionado de forma adecuada, el estrés se acrecienta vertiginosamente, y un mal o nulo manejo del mismo, provoca que actuemos de forma “reactiva”, es decir, que respondamos a las demandas del medio, con un auténtico descontrol en las horas y minutos que forman nuestros días.

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